|
jun 24
2010
|
Bogotá, 23 de junio de 2010
Su señoría, en medio de la soledad de mis noches, a las que me condenaron hace ya tres años cuando detuvieron a mi esposo, el coronel Luis Alfonso Plazas Vega, reflexiono acerca de lo que está ocurriendo. Veintitrés años después de los hechos dolorosos del Palacio de Justicia, mi esposo fue detenido, primero para investigarlo y después para juzgarlo. El fue privado de libertad pues un juez decidió que él era “peligroso para la sociedad”. Durante esos años he tenido que aprender a vivir sola, pues mis hijos salieron hace seis años del país por las amenazas que recibieron. He pasado muchas noches tristes, muchas noches amargas, muchas noches con miedo. La de hoy es una noche especial. Son tantas las ideas y las preguntas que se atropellan en mi mente que he decidido levantarme para escribir y tratar de organizar mis sentimientos. Hoy me enteré por los medios que usted se fue del país después de dictar la sentencia de cadena perpetua contra el coronel Plazas Vega, porque 30 años de cárcel para un hombre que ayer cumplió 66 años es cadena perpetua. Eso me hace pensar en la inmensa responsabilidad que significa ser juez.
Alfonso Plazas VegaA menos de dos meses de conocerse el fallo que condenará o absolverá al oficial en retiro Alfonso Plazas Vega, por la desaparición de 11 personas luego del Holocausto del Palacio de Justicia, sigue produciéndose información alrededor de este histórico proceso. Esta vez, se trata de dos declaraciones extrajuicio, conocidas en su totalidad por El Espectador, que ponen un manto de duda sobre el testimonio del cabo Édgar Villamizar.